Aprende a Pedalear fue una campaña de nuestro Programa de Educación que ha estado disponible todo este tiempo, pero graduando ciclistas a un ritmo muy discreto y por ello se me ocurrió hacer una campaña piloto para probar una nueva estrategia de trabajo: una campaña intensiva para enseñar a muchas personas en un breve plazo de tiempo con los recurso y limitantes que tenemos, claro.
El objetivo era concreto: enseñar a 100 personas de La Habana a montar bicicleta en un mes, con la mayoría mujeres y estudiantes. Lo haríamos con 12 bicicletas y un equipo de instructores que formaríamos sobre la marcha.
Breve retrospectiva para entender el problema
Cuba pedaleó masivamente en los años 90, durante el período especial, como solución de transporte cuando incluso el petróleo escaseó. Para conseguirlo, más de un millón de bicicletas llegaron desde China en un tiempo breve y asignadas a ciudadanos por sus méritos en el trabajo y su compromiso con la Revolución.
Lejos de integrarse orgánicamente a la identidad cubana, la bicicleta tuvo un papel de salvavidas para momentos de emergencias. Treinta años después, hoy permanece una connotación negativa y ligada a la escasez sobre todo en las generaciones maduras y quienes nacieron después del 2000 no aprendieron a montar. Hoy hay muchísimos adultos jóvenes en La Habana que nunca se subieron a una bici.
Desde 2021 venimos trabajando ese hueco con nuestro Programa de Educación Ciclista: clases presenciales más contenido digital, para formar ciclistas urbanos desde cero, sobre todo mujeres. Aprende a Pedalear fue la primera vez que lo pusimos a prueba en serio.
Cómo fue la campaña piloto
Para llegar a la gente apostamos por Instagram. Contratamos a una influencer —elegimos a Amanda Jolie, una mujer a propósito, porque queríamos que las mujeres se identificaran con ella aunque su contenido estaría dirigido a una audiencia general— y a partir de ahí la cosa cobró vida sola. La youtuber, Leyanis Hernández, se sumó gratis, una de las propias principiantes grabó su experiencia por su cuenta, y al final fueron los primeros participantes, muchos universitarios, los que regaron la campaña dentro de sus redes. El boca a boca logró lo que las gestiones formales no.

Cómo enfocamos el trabajo de género
Los instructores los buscamos dentro de nuestra propia comunidad, a propósito. Gente que ya nos conoce y comparte la idea conecta distinto con quien está aprendiendo. Convocar fue lo más fácil de toda la campaña: cuatro personas se ofrecieron enseguida. Las primeras tres clases fueron su entrenamiento, con seguimiento diario, y a mitad de camino ya daban clase solos, en parejas. Dos más se sumaron dos semanas después. Terminamos con seis. También nos cayó ayuda de afuera: dos voluntarios franceses se ofrecieron a colaborar y le dieron otra textura a la experiencia.
Conocía de antemano que las personas que no saben montar bicicleta son mayoritariamente mujeres y por tanto nuestras acciones para la inclusión de géneros estuvieron enfocadas en garantizar un entorno seguro durante las clases. A todas las personas involucradas en el trato con los aprendices, se les preparó con buenas prácticas para lograrlo: desde el tratamiento hacia ellas, como detectar cualquier comportamiento inapropiado de terceros en el área pública que estuvimos ocupando.
Dimos las clases en el parque Víctor Hugo, en el Vedado. Lo elegimos por cosas prácticas: es céntrico, se llega desde cualquier municipio, tiene sombra y es seguro para la gente y para las bicis, que no es poca cosa cuando manejas doce a diario en una ciudad. Alquilamos un garaje a 50 metros para guardarlas y prepararlas antes de cada clase.

Las clases fueron por la tarde, de lunes a viernes, con algunas matutinas extra, durante seis semanas. Dos niveles: equilibrio y giro primero, pedaleo y giros avanzados después. Y como nos desbordó la demanda, probamos algo. El presupuesto alcanzaba para un mes, pero teníamos cientos de inscripciones que no íbamos a poder atender en ese tiempo. Así que se nos ocurrió cobrar por algunas clases —no para ganar, sino para que la campaña se sostuviera sola unas semanas más, ya agotado el auspicio británico, y darle cupo a más principiantes. Otras quedaron gratis. Más adelante cuento cómo salió.
Auspicio británico a esta iniciativa
La Embajada del Reino Unido, que tiene un fuerte enfoque en los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ONU), puso un presupuesto operativo de USD $1,000. Pero esa no fue toda la apuesta: nosotros ya llegábamos con lo nuestro —las doce bicicletas, las herramientas, los cascos, el programa que venimos armando desde 2021—, recursos por USD $8,3 mil que pusimos a disposición de la campaña sin cobrar nada. Y arrancamos.
Finalmente entrenamos a 184
Se inscribieron 381 personas para 100 plazas, un 281% por encima de lo esperado. Todas las personas que asistieron a por lo menos una clase aprendieron a pedalear, sin excepción. El 93% lo logró en una o dos sesiones. Un principiante pasa de hacer equilibrio a pedalear en cuestión de una hora.
No solo me sorprendió el número de inscripciones, también lo rápido que vinieron a clase. La mediana entre inscribirse y tomar la primera clase fue de cuatro días. No hubo que hacer mucho para convencerlos. Conocíamos la problemática, pero no que habría tanta demanda, cuando lanzamos la campaña. Formamos, además, seis instructores de ciclismo urbano, dos más de los cuatro que nos planteamos.
Quiénes se inscribieron y quiénes aprendieron
Vale detenerse en quién respondió a la convocatoria, porque ahí está buena parte de lo que demostró la campaña. El 83% de las 381 inscripciones fueron mujeres, confirmando en que en ellas reside la mayor demanda.
Género de las personas inscritas
381 inscritas · 83% fueron mujeres
De las 315 mujeres, 149 asistieron a clase (81% del total) lo que nos acercó bastante a nuestros objetivo inicial. El objetivo era conseguir que el 90% la participación fueran mujeres y si bien no cumplimos el propósito fue visibilizar nuestro programa como una herramienta con mucho potencial para apoyar a las mujeres en encontrar en la bicicleta una alternativa de movilidad
¿De dónde llegaron?
Inscritos y participantes por municipio de residencia (top 10)
Alcanzamos 13 de los 15 municipios de La Habana, incluyendo zonas periféricas · Inscritos vs. quienes aprendieron
¿Qué edad tienen?
Edad de las personas participantes
Campaña Aprende a Apedalear · 184 participantes · Promedio 25 años · Edades en el rango 9–68
De esos datos salen tres lecturas que me importan. La primera, el género: el 83% de los inscritos fueron mujeres. La CEPAL documenta en su Boletín FAL 371 (2019) que en América Latina las mujeres usan mucho menos la bicicleta que los hombres, y que detrás de esa brecha hay razones estructurales, no de capacidad. Nuestros datos confirman que Cuba no está exenta de dicho patrón: cuando quitamos el obstáculo del acceso —clase gratis, bici disponible, instructor al lado—, hombres y mujeres aprendieron casi igual. Seis puntos de diferencia en conversión, nada más. La brecha estaba en que no se les habían dado la oportunidad a las mujeres.
La segunda, la distancia: no importó. La zona más lejana convirtió al 61%, casi igual que la zona media (58%) y apenas por debajo de la zona donde dimos las clases (68%). Vino gente de los 13 municipios, incluidos los periféricos. Quien quería aprender, cruzaba la ciudad.
La tercera, la edad: el grueso fueron jóvenes de 18 a 25 (63% de los inscritos), pero quienes más constancia mostraron fueron los extremos. Los menores de 18 convirtieron al 89% y los mayores de 50 al 75% —la motivación personal pesa más que la edad.
Sobre el experimento de cobrar: salió mal, y me alegro de haberlo probado. En cuanto pusimos precio a algunas clases, la asistencia se cayó. Ni siquiera era cobrar por todo, solo por una parte, y bastó para espantar a la gente. Quedó claro que la gratuidad no es un lujo del programa: es el incentivo que lo sostiene. Al final atendimos a más principiantes de los previstos moviendo presupuesto entre categorías, sin pedir un peso extra.
La comunidad también creció. Instagram subió un 31.4% (de 7,368 a 9,683 seguidores) y el grupo de WhatsApp un 78.7% (hasta 681 miembros), ambos muy por encima de la meta. El empuje vino de tres reels que llegaron a 148,633 cuentas únicas, el 93% de gente que no nos seguía.

Y pasó algo que no estaba en ningún plan: la prensa internacional nos encontró. La crisis de combustible que golpeó a Cuba justo esas semanas puso a la bicicleta en el centro de la conversación, y Reuters vino a La Habana a hacer un reportaje. Les dije lo único que había para decir: "Esperábamos 100 personas, pero el programa atrajo casi cuatro veces más." El País nos dedicó un reportaje fotográfico; Infobae y La Jornada también cubrieron el tema. No lo buscamos, pero no me quejo.
No todo salió. El 52% de los inscritos —197 personas— no alcanzó a tomar una sola clase. No teníamos cómo atenderlos a todos en un mes. Lo digo claro porque ese número es, en el fondo, la mejor prueba de que esto hacía falta.
Qué impacto veremos con el tiempo
Si estas 184 personas siguen usando la bicicleta en su día a día es algo que un reporte hecho a las pocas semanas no puede responder. Eso se ve con el tiempo. Pero lo que me dijeron al terminar deja poco margen a la duda.
Siempre quise aprender pero pensé que ya iba a ser tarde. Hasta que me di cuenta que somos muchos los que pensamos que es 'tarde'
Adisley, 28 años
Yo no creí que yo fuera capaz de lograrlo, y mira.
Camila, 25 años
Para casi todos fue saldar una cuenta vieja consigo mismos. Para otros, pura necesidad: con el transporte como está, saber montar bici dejó de ser un capricho. En todos los casos se llevaron lo mismo, aunque no lo digan así: una forma de moverse por su ciudad sin depender de nadie.
Qué aprendimos y qué sigue
Lo principal: existe una demanda enorme y vieja para aprender a pedalear en La Habana, y nuestro método funciona. 381 inscripciones para 100 plazas, 100% de graduación, 93% aprendiendo en una o dos clases. No hay mucho que discutir ahí.
Para la próxima edición tengo claro qué cambiar. No queremos expandirnos hacia otra zona; queremos dar clases más seguido en el mismo parque, con el mismo equipo. Esos seis instructores son lo más valioso que nos dejó esta campaña y hay que mantenerlos cerca antes de que arranque la siguiente. Vamos a hacerle seguimiento a los graduados a los para saber de verdad si están pedaleando.
Para volver a hacer campañas como esta necesitamos un presupuesto; Citykleta pone el resto —bicicletas, programa y gente— que equivale alrededor del 85%. Lo que no se toca es la gratuidad para quien aprende. Si hay que buscar dinero, lo buscamos por otro lado; no se la cobramos al principiante.
Si quieres que esto siga pasando, escríbeme para apoyarnos.
Gracias
A nuestros seis instructores —Arnaldo Rodríguez, Brayan Santiago, Daniel González, Héctor Del Río, Margarita Viera y Zenaida Valdés—, que en seis semanas pasaron de ser un grupo improvisado a un equipo que sostuvo toda la campaña. A los voluntarios que dieron su tiempo sin pedir nada. Y a la Embajada del Reino Unido, por confiar en esto cuando todavía era una apuesta.








2 respuestas
Me encanta su initiativa! Pueden hacer un curso asi también para niños, si traen sus propios bicicletas? El hijado mio de 6 años ya sabe montar bicicleta pero necesita más practica para estar seguro en la calle. Sería muy amable saber si hay una posibilidad…. muchas gracias Vicky
Hola Vicky. Es una idea estupenda. Gracias. Estamos esperando la oportunidad para obtener un espacio físico del Estado para hacer sostenibles nuestro emprendimiento social. En cuanto lo logremos, haremos más que nuestro Programa de Educación funcione más contante y para los niños también.